Debate

DEBATE SOBRE LA ANULACIÓN DEL VOTO 

Para nosotros es muy importante el intercambio de ideas, y sobre todo, dejar en claro cuál es el objetivo detrás de la campaña de vota por papanatas. Por esta razón abrimos este espacio buscando generar una mayor reflexión al ejercer nuestro derecho al voto.

Sugerencia de un lector de http://www.votaxPapanatas.org:

Carmen Aristegui “Votar o no votar, ¿cuál es tu postura?” CNN Español

En el programa participan José Antonio Crespo y José Woldemberg, quienes reflexionan sobre la situación política y de los partidos políticos en el País. También hablan de la anulación del voto.

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También les compartimos dos artículos escritos por dos politólogos con amplia trayectoria en temas electorales y de democracia. El primer artículo “Un gesto inútil”, de José Woldenberg, apareció en la edición de abril de la revista NEXOS. En este artículo expone sus razones para salir a votar el 5 de julio, y explica por qué cualquier esfuerzo que llame al abstencionismo o se acerque a éste, debilitaría la incipiente (o ya inexistente) democracia mexicana. El segundo artículo “El ‘no voto‘: ¿esfuerzo inútil?”, de José Antonio Crespo, publicado en el periódico Excelsior, ofrece una respuesta a Woldenberg, explicando por qué la anulación del voto constituye una verdadera opción para ejercer nuestro derecho a votar, y expone algunos puntos interesantes acerca del “voto en blanco” o voto de castigo.

¡Comparte tu opinión!

 

Un gesto inútil

José Woldenberg

1. La participación electoral a nivel federal viene descendiendo de manera constante desde 1991, primera elección que organizó el Instituto Federal Electoral. Ese año dejó de ir a las urnas el 34.06% de los electores. Seis años después, en 1997, la abstención subió a 42.31% y en el 2003 llegó hasta 58.32%.

Si observamos los datos de las elecciones generales, en las cuales se elige presidente, senadores y diputados, la tendencia es similar, aunque la participación es más alta. En 1994 no fue a las urnas sólo el 22.45% de los electores potenciales, en 2000, el porcentaje subió a 36.34%, y en 2006 arribó al 41.81%.

Son números fríos pero elocuentes. Y no sirven los conjuros para “tapar el sol con un dedo”.

2. La abstención crece y llamar a incrementarla no es muy meritorio, sino más bien montarse en una ola que nada productivo puede traer al país. Aunque la Constitución dice que el voto es un derecho y una obligación, de facto en México votar es un derecho solamente, ya que la abstención no acarrea ninguna sanción de carácter administrativo, como sí sucede en otros países de América Latina, y qué bueno que así sea. Sólo un derecho.

3. La abstención se incrementa porque, en efecto, hay un malestar en relación a los partidos, los políticos, los Parlamentos. Diversas encuestas han recogido ese sentimiento y en centros de trabajo y espacios públicos uno mismo puede recoger esa “desafección” hacia el mundo de la política. No se trata de un fenómeno exclusivo de nuestro país, el PNUD y Latinobarómetro lo han documentado en buena parte de América Latina.

4. Por otro lado, la abstención es un fenómeno complejo. Los motivos de los que se ausentan de las urnas pueden situarse en las antípodas: desde el hiperpolitizado que no encuentra una opción a la altura de sus expectativas hasta el apolítico rutinario, pasando por todo tipo de grises. De tal suerte que no existe algo así como un “partido abstencionista”. Los que no acuden a la cita dejan en manos de otros la decisión de quién debe gobernar y quiénes deben legislar.

5. ¿De qué sirve echar más leña a la hoguera de la abstención? ¿Queremos desfondar lo poco o mucho que hemos construido hasta ahora? Hay que recordar, porque nuestra memoria es flaca, que México transitó apenas entre 1977 y 1996 de un sistema de partido hegemónico a otro pluripartidista, de elecciones sin competencia a comicios muy competidos, de un mundo de la representación política monocolor a uno donde el pluralismo se reproduce en las instituciones del Estado. Y ello significa hoy nuevas relaciones entre los poderes: de un presidencialismo asfixiante y subordinador a un equilibrio real entre los mismos, de un centralismo arraigado a un federalismo primitivo, de un Poder Judicial minusvaluado en materia política a otro que ya es árbitro de litigios entre poderes y en acciones de inconstitucionalidad. También ha acompañado y posibilitado mayores márgenes de libertad de expresión, organización, de prensa, manifestación, etcétera, y ha logrado construir un mundo de la política plagado de pesos y contrapesos, en claro contraste con el verticalismo autoritario de hace apenas unos años. Y todo ello fue posible a través del voto, la punta del iceberg civilizatorio que permite la convivencia de la diversidad, y el cambio de gobierno por vías institucionales y con la participación de los ciudadanos.

6. La abstención tiene sentido cuando alguna fuerza política fundamental en un país es excluida de la contienda. ¿Pero qué corriente política significativa está hoy imposibilitada de participar en nuestros comicios?

7. Lo que necesitamos es más bien una pedagogía que nos ayude a socializar los valores y principios de la democracia y a valorar los cambios que fueron capaces de desmontar un régimen autoritario y edificar un germinal régimen democrático. (Y, por supuesto, a detectar y discutir todos y cada uno de los obstáculos que impiden su asentamiento y que tienden a erosionarla; destacadamente, el entorno económico y social en el que se reproduce.)

8. Ésa debería ser una misión fundamental de las instituciones estatales, los partidos, los políticos que son los responsables inmediatos de la imagen que la política irradia. Pero también de la escuela, de los medios

de comunicación.

P.D. Además, vale la pena establecer desde ahora la siguiente salvedad. Al 20 de febrero, la lista nominal de electores tenía inscritos 75 millones 788 mil 623 ciudadanos. Ése es el universo potencial de los votantes. Pero a ese número deberíamos restar un millón 291 mil 705 fallecidos que aparecen en la lista, y tres millones 859 mil 681 personas que se encuentran de manera temporal o permanente en el extranjero (cálculos del Registro Federal de Electores). Es decir, el 6.8% de los ciudadanos que están registrados en la lista nominal no podrá votar. Ese porcentaje de “ausentes”, en buena lid, debería restarse de las cifras que miden la abstención.

José Woldenberg. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.  Es autor de Después de la transición: gobernabilidad, espacio público y derechos.

 

El “no voto”: ¿esfuerzo inútil?

José Antonio Crespo

En el número de abril de la revista Nexos se hace una reflexión plural sobre si conviene votar o no en las actuales circunstancias. Una de esas reflexiones la hace José Woldenberg (Gesto inútil), a quien mucho aprecio y respeto. En lo que hace a la discusión sobre las razones de votar o no votar en estas elecciones o, más aún, como él mismo lo pone, si tiene sentido abstenerse, mi postura es que, a partir del comportamiento de todos los partidos en los últimos años, se puede concluir que no hay diferencia sustancial entre ellos. Y que los ciudadanos que así lo sientan (no sabemos cuántos son) pueden expresar ese rechazo y ejercer una presión sobre los partidos anulando el voto (aunque muchos, al parecer, no quieren ni siquiera concurrir a la urna). La postura de Woldenberg es que esa estrategia no tiene mayor sentido. Recuerda el ex presidente del IFE que en los últimos años pasamos “de un partido hegemónico a otro pluripartidista“, y de una política “monocolor a otra donde el pluralismo se reproduce en las instituciones de Estado”. Es cierto, pero algunos pensamos que los partidos se repartieron el poder que antes detentaba el PRI, sin compartirlo a su vez con sus respectivos representados, para lo cual no se les ven muchas ganas (ahí está todavía esperando, por ejemplo, la reelección consecutiva de legisladores y munícipes, como mecanismo esencial de la democracia representativa).

Afirma también Woldenberg que “la abstención tiene sentido cuando alguna fuerza política fundamental en un país es excluida de la contienda”, lo cual quedó superado ya. Cierto, pero ahora la exclusión se hace con los presuntos representados de los partidos o al menos muchos así lo sentimos. Por lo cual, la pregunta sería si el “no voto” de esos ciudadanos que no nos sentimos debidamente representados ni partícipes de las decisiones (así sea indirectamente), más allá del voto, puede contribuir estratégicamente a superar en medida importante dicha marginación. Woldenberg recuerda que el voto nos llevó a un mayor pluralismo político. Cierto, pero, paradójicamente, en las actuales circunstancias, el voto podría fortalecer el arreglo partidocrático y oligárquico que muchos percibimos y del cual nos quejamos. En cambio, el “no voto”, si es suficientemente amplio, podría llamar la atención partidocrática para que se dé el siguiente paso a la apertura y la inclusión política, en este caso, no de la oposición, sino justamente de los ciudadanos.

Finalmente, Woldenberg advierte que un fuerte abstencionismo, más que ser un instrumento adecuado para avanzar en la democratización (en la relación entre partidos y ciudadanos), puede provocar un retroceso, echar abajo lo que hemos logrado en muchos años: “¿Queremos desfondar lo poco o mucho que hemos construido hasta ahora?”. Ante esa advertencia, que es perfectamente atendible, haría yo dos apuntes: a) Es cierto que un abstencionismo total, por definición, provocaría un colapso de la democracia en vigor. Simplemente no podría instalarse la Cámara baja y se crearía una crisis política y constitucional. No es eso lo que se busca (aunque no podría asegurar que algunos no pretendan eso). El cálculo es que hay un buen número de ciudadanos que sí tienen una preferencia partidista o están dispuestos todavía a votar por el “mal menor” (las encuestas calculan entre 30 y 40 %), por lo cual, aun con una elevada abstención, no habría colapso. b) Me parece menos riesgoso institucionalmente, en lugar de abstenerse, presentarse a la urna y anular el voto, con el fin de reproducir en lo posible lo que en muchas democracias se conoce como “voto en blanco”, para lo cual existe ahí un recuadro específico en la boleta. Se estaría emitiendo un “voto de castigo” a todos los partidos, sin rechazar de plano a todas las instituciones. Es cierto que, de alcanzar la anulación y la abstención juntas, igualmente ciento por ciento, la temida crisis ocurriría (como lo pinta José Saramago en su Ensayo sobre la lucidez). Pero el cálculo es, como se dijo, que muchos ciudadanos votarán por algún partido, para evitar así el colapso. Si la abstención, junto con el voto nulo, son excepcionales, pero no totales, no habrá colapso, mas los partidos recibirán el mensaje del amplio malestar (en el lenguaje que sólo parecen entender) y, quizá, actúen en consecuencia (haciendo reformas que permitan compartir en medida suficiente su poder con los ciudadanos, reduciendo también sus insultantes privilegios, llamando a cuentas a sus infractores, etcétera). No se trata tampoco de prescindir de los partidos (“que se vayan todos”), sino de mejorar la representación. En todo caso, la probabilidad de que eso ocurra es mayor con un amplio “no voto” que con una abundante votación, que no generaría en sí misma ningún incentivo para la corrección o la reforma. Probablemente al contrario, sería un elemento de inercia, al considerarse como apoyo y aval a su camino y comportamiento actuales. Infortunadamente, los cambios (al menos en México) suelen darse, no antes, sino en medio o después de una crisis (y a veces ni así), que en este caso sería una de representación política.

Muestrario. Una encuesta telefónica publicada la semana pasada por Reforma (4/IV/09), reporta que, a propósito de la campaña negativa del PAN contra el PRI, 29% le cree al primero y 40% al segundo. De lo cual podría inferirse que dicha campaña no afectaría al PRI, lo cual se podrá aclarar en futuras encuestas. El sondeo sugiere también que sólo 12% considera interesantes las campañas, 46% no les presta atención y 37% ya se está hartando de ellas. Igualmente, 62% percibe más ataques que propuestas en la publicidad política. Y 56% considera que el proceso no está siendo democrático, frente a 32% que sí lo ve como tal.

Algunos pensamos que los partidos se repartieron el poder que antes detentaba el PRI, sin compartirlo a su vez con sus respectivos representados.

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También les compartimos un texto de Claudio Tapia sobre el voto nulo.

Negarles el voto es un deber moral

Claudio Tapia (Quincena, 1 de junio de 2009)

Anular el voto, además de un deber moral, es una expresión de madurez política. Hacerlo, revela el nivel de cultura cívica que permite responder a la nula representación con la nula votación. A los cárteles de políticos nulos en que se han convertido los partidos les corresponde, como consecuencia de sus actos, como imputación moral, la negación del voto y de la legitimidad que nuestro sufragio daría a un sistema de representación degradado y envilecido. 

Hay escasos y excepcionales candidatos dignos de ser votados, no se puede negar, lo que no hace sino confirmar la condena a los irredimibles partidos porque, además de que difícilmente lograrán ganar, en caso de hacerlo, nada podrán hacer para que los partidos que les prestaron la divisa para competir, cambien para mejorar.  

Nadie con un mínimo de información, puede negar que los partidos políticos son instituciones fundamentales para que la democracia representativa funcione razonablemente. En ninguna parte se ha logrado crear algo mejor que el sistema de partidos para accederse al poder político de manera democrática, por eso es que hay que fortalecerlos y hacer lo necesario para que los partidos y sus candidatos representen a algo más que a sí mismos y sus intereses. 

 La invitación a negarles el voto, anulándolo, no pretende la extinción del sistema de partidos, sino la deslegitimación de sus oligarquías que han monopolizado para una camarilla el acceso a la vida pública sin ninguna representación y sólo para garantizar la prevalencia de sus canonjías y privilegios.  

Se trata de presionar, mediante el rechazo generalizado, para la  refundación de un nuevo sistema de representación en el que los partidos, incapaces de reformarse a sí mismos, porque eso va en contra de sus mezquinos intereses, cambien la impostura democrática por una verdadera representación. Es lo único que nos queda por hacer en las actuales circunstancias, si queremos evolucionar hacia una autentica representación. 

 La otra es salir a legitimar ese sistema con nuestro voto para que todo siga igual. Está garantizado que los resultados que entregarán los futuros elegidos y sus partidos serán los mismos porque siguieron los mismos procedimientos de selección, la misma manera oligárquica de operar, los mismos intereses, los chapulines de siempre, los mismos discursos, los mismos partidos, las mismas mañanas y trampas, los protagonistas eternos; los mismos, lo mismo, lo de siempre… 

Debemos fundamentar debidamente la generalizada descalificación de la manera de actuar de nuestros partidos políticos, para dar sustento a la invitación que inhibe el voto selectivo a favor de excepcionales candidatos y pide en cambio su anulación para manifestar el repudio a todos los partidos. 

 Adviértase primero que nada, que el rechazo general a los partidos no implica la descalificación de todos los candidatos aunque revela, eso sí, el hartazgo ciudadano sobre la manera en que hacen eso que llaman política. 

 “A partir del comportamiento de todos los partidos en los últimos años, se puede concluir que no hay diferencia sustancial entre ellos”, escribió José Antonio Crespo en Excélsior (15-IV-2009) y por tanto, vista esa mala y generalizada actuación,  nos invitó a manifestar nuestro repudio por medio de la anulación del voto que él calificó de abstención activa. 

Esa reflexión, considerada como retórica antipolítica por José Woldenberg, en Reforma (23-IV-2009), es a su juicio desacertada, porque si bien la lista de los rasgos comunes de los partidos es larga, no detenerse en sus diferencias resulta impropio. Se trata, en opinión del destacado analista, de la pulsión que explota el malestar con la política y ve a los funcionarios públicos como una clase homogénea de villanos incompetentes, como miembros de la “clase política” en la que todos son lo mismo.  

En esto último, Woldenberg tiene razón. Por supuesto que no todos los que ocupan un cargo de representación son lo mismo. Los políticos, los miembros de la clase, no son todos iguales. Hay gente decente que vincula a la ética con la política. Existen notables excepciones, como ya se dijo. En eso no se puede generalizar.  

Pero en el caso de los partidos políticos y la manera en que éstos operan, en el oscuro manejo de los recursos públicos, en los dispendios y despilfarros, en la voracidad para saquear, en los desaseados métodos para designar a su dirigencia, en la manera impositiva de seleccionar a sus candidatos, en la forma ruin de repartirse el botín, en las trampas y chapuzas, en los recíprocos chantajes, en el intercambio de impunidades, en la desesperada búsqueda de mañas para trampear la ley, en sus campañas demagógicas e inadvertidas, en sus discursos huecos, en las promesas clientelares, en el manipuleo corporativo, en los acarreos, en la cooptación y compra de votos, en todo eso, sí son iguales. Son la misma gata, nomás que revolcada. Y por lo tanto, negarles la legitimidad que el voto da deviene en una obligación moral. 

O que por favor nos diga el analista político, cuáles son esas diferencias significativas, suficientes para lavar la indignidad compartida, que permitiría a los ciudadanos sentirse debidamente representados y por lo tanto, obligados a votar.   

Lo dicho, además de que legitimar con nuestro voto ese sistema con esos partidos resulta inmoral, vistos los nefastos resultados; el hecho de que el 69% de los electores tenga poca o nula credibilidad en los mensajes de los partidos políticos, el que el 22% de los encuestados con credencial para votar esté pensando en ir a las urnas para anular su voto, porque no están satisfechos con ninguno de los partidos políticos, y el que el 50% de los entrevistados haya manifestado que se abstendrá de votar para manifestar su rechazo a las actuales opciones políticas (El Norte, 29-V-2009), revela civilidad y moralidad.        

La emergente cultura política de los electores del país que piensan en protestar anulando su voto, preocupa lo suficiente como para que los medios empiecen a medir, desde ahora, no sólo la creciente abstención pasiva que se espera sea del 58%, sino también la abstención activa, es decir, la anulación deliberada del sufragio. 

Se imaginan la presión social. ¿Qué harán los desprestigiados partidos ante ese enérgico y claro mensaje ciudadano? ¿Cómo reaccionaran al ver que el voto nulo, 22%, se convirtió en la tercera fuerza electoral del país, abajo del PRI 37% y el PAN 31%, pero por encima del PRD, VERDE, PT, CONVERGENCIA, PANAL y PSD. 

Creo que si lo logramos, no les quedará más que cambiar. Al advertir el enorme riesgo de una representación con tan escasa legitimidad (legalmente basta con un sólo voto, así sea el de ellos mismos), tendrían forzosamente que cambiar. Así ha ocurrido. Cuando el sistema se agota y ya no da para seguir explotándolo, como sucedió en las anteriores crisis de representación, ni modo; se tienen que hacer concesiones y abandonar las viejas costumbres. Tendrán que ponerse a la altura de la cultura política que los electores inconformes les mostraron. 

Si no es así, no veo cómo podremos lograr que los partidos cambien para convertirse en los fortalecidas instituciones legítimas que los electores necesitamos para alcanzar la normalidad democrática. Inútil pedirles, sin presionar, que piensen en México. Ingenuo creer que sin exigencias se van a enmendar. Por eso, anular el voto es una conducta cívica y moral.  

claudiotapia@prodigy.net.mx 

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10 comentarios Add your own

  • 1. Luis  |  4 junio 2009 en 3:11 PM

    Siendo realistas, no importa que el 99% de los ciudadanos que vayan a anular su voto lo hagan, ganará el que obtenga el 1% restante.

    Hay una propuesta mucho más eficaz, la cual es llevarse la boleta consigo, o sea NO DEPOSITARLA EN LA URNA

    http://blogdelempleo.com/2009/05/19/recuperemos-nuestro-voto/

    Responder
  • 2. Luis L.  |  5 junio 2009 en 12:58 PM

    PREGUNTAS a modo de reflexion…..

    Quien esta detras de esta campaña?
    Por que no tienen mas comentarios?
    Que es la Ultra Derecha?
    Que partido se beneficia con la anulacion del Voto?
    Que partido esta abajo en las encuestas? (las buenas)
    Seguiremos siendo el país del no pasa nada, con estas actitudes?
    Creen que somos tontos?
    Si el gobierno federal, el dia de las elecciones realiza varios “michoacanazos” que pasaria?
    Que pasa si sale libre uno de los funcionarios arraigados?
    Que pasa si se pisan los derechos fundamentales que consagra nuestra constitucion con la bandera de combatir al Crimen?
    Que pasa si la gente empiza a ver al Glorioso Ejercito como un ente de represión politica? (uuuy esto me da miedo)
    Que pasa si el PRI Gana la mayoria en el congreso? (tambien da miedo?)
    Que pasa si el PRI acepta ser una decorosa primera minoria?
    Que pasa si anulas tu voto? (creo ya lo respondio mi tocayo)
    Creen que Felipe o cualquier otro funcionario renunciara a su puesto cuando vean que la mayoria de los mexicanos repudian a sus gobernantes? (JAJAJAJAJAJ)
    Creen que tengo mala ortografia por la mala educacion de las escuelas publicas? (creo que no jajaja)
    Bueno tengo mas preguntas pero por hoy esta bien 😛

    Responder
    • 3. votaxpapanatas  |  5 junio 2009 en 2:47 PM

      Gracias por tu comentario, Luis.

      Hablando de la ultraderecha, te invitamos a ver nuestro último video: http://www.youtube.com/watch?v=tsG6tMksPCM
      Ahí podrás encontrar una sátira en donde nos burlamos de un “candidato” de derecha que quiere “repartir una metralleta para cada familia”.

      Detrás de esta campaña, como dice la sección ¿Quién está detrás de Papanatas?, están puros ciudadanos hartos de todos los partidos políticos, eso incluye a los que cuando no están en el poder se hacen llamar Oposición, pero que una vez que llegan al poder, utilizan las mismas tácticas para defraudar a toda la ciudadanía robando, manipulando, destruyendo, malgastando, delinquiendo, favoreciedo a sus grupos de interés. Todos los partidos tienen intereses cupulares y son antidemocráticos.

      ANULAR EL VOTO escribiendo PAPANATAS en la boleta electoral o tachando a todos los candidatos es una manifestación de PROTESTA, de RECHAZO contra todos los partidos, porque sus políticos no nos representan. Pero el movimiento ciudadano, además, EXIGE varias demandas (que podrías leer en la sección propuestas), entre las que destacan las CANDIDATURAS CIUDADANAS INDEPENDIENTES, la democratización y transparencia de los partidos, la reducción drástica de financiamiento público, entre muchas otras.

      Nosotros creemos que es nuestro derecho democrático ejercer el voto, pero ante el dilema ético de escoger entre las opciones de siempre de los partidos de siempre, no queda más que ANULAR EL VOTO. Así se resuelve el dilema ético de votar por el “ratero menos peor”. TODOS los partidos son iguales, el mensaje es de HARTAZGO contra todos.

      Responder
    • 4. votaxpapanatas  |  25 junio 2009 en 10:17 PM

      ¿Qué pasa si gana cualquier partido? Lo mismo que si ganara el otro, y el otro, y el otro. La cuestión es que nosotros no vamos a comprometer nuestra ética votando por el “menos peor”, queremos protestar contra todo el sistema. El PAN y el PRD son iguales que el PRI en donde gobiernan, no hay diferencia. Y los partidos chicos son negocios familiares o de televisa, como el PVEM. Nuestro movimiento demanda como mínimo:

      PARTIDOS POLÍTICOS:
      Democracia y transparencia interna.
      Reducción drástica en el financiamiento.

      DEMOCRACIA PARTICIPATIVA:
      Plebiscito, referéndum, revocación de mandato.
      Consejos ciudadanos vigilantes.

      CAMPAÑAS ELECTORALES:
      Austeras, cortas, ecológicas, fiscalizadas, y reflexivas con ideas.

      SISTEMA ELECTORAL:
      Candidaturas independientes.
      Autoridad electoral al servicio de la ciudadanía y no de los partidos.

      Responder
  • 5. paraoir  |  8 junio 2009 en 11:02 AM

    lo habia escrito en otra pagina, pero aqui insisto
    el voto que mejor se vera reflejado en la estadistica, es el que segun el COFIPE es VOTO A CANDIDATO (ahi el sexismo) NO REGISTRADO…
    puede haber artimañas para que la estadistica no refleje los votos nulos, pero los candidatos NO REGISTRADOS, deben aparecer en la estadistica
    mejoremos la sensibilización sobre el voto VS los partidos políticos

    Responder
  • 6. Lauro  |  8 junio 2009 en 4:57 PM

    Existen muchas voces de rechazo al voto nulo pero en lo personal me vale un bledo ya que para mi es cumplir como ciudadano al votar pero no estoy legalmente obligado a votar por ninguno de esos ineptos que son lo mismo de siempre.

    Responder
  • 7. Julian  |  10 junio 2009 en 6:46 PM

    Anular el voto no servirá de nada si no se cuenta, si en lugar de anular el voto, votamos por Juan Pueblo, este voto debe contarse y entonces si lo deben de contar y registar… Voten por Juan Pueblo, denle voz al movimiento

    Responder
  • 8. Jorge Castañeda  |  2 julio 2009 en 3:26 PM

    1) Porque no existen en los medios de comunicación plataformas para la expresión de la inconformidad ciudadana más allá de las denuncias sobre la inmediatez cotidiana;

    2)Porque ahora más que nunca el montaje electoral se presenta ante la ciudadanía como una farsa;

    3)Porque hay un vacío de planteamientos que presentan una salida a la debacle económica más allá de los modelos que han colocado al país en la criminal situación actual;

    4) Porque la clase en el poder se presenta en todo su esplendor y apogeo caduco;

    6) Porque la incapacidad y servilismo de la clase dominante es más que evidente;

    7) Porque el PRIAN y la oposición oficial del PRD (que ha mostrado ser poco más que la izquierda del propio PAN) están cargando el costo de la crisis económica sobre las espaldas de los trabajadores;

    8) Porque ellos han pactado condenar al país a la deuda para salvarse ellos mismos y asegurar los ingresos de la minoría a la que representan;

    9) Porque se han cerrado los caminos de la participación democrática; el plebiscito y el referendum;

    10) Porque aunque sean ilegítimos, harán lo posible y hasta lo ilegal por seguir en el poder;

    Por todo ello, un voto anulado significa un primer paso, individual y desorganizado, para expresar el rechazo rotundo al montaje electoral. El montaje en el que cada tres años se decide de entre ellos, el menos peor. [Y en ningún lado se ha visto esto más claro que con las campañas contra la anulación y el abstencionismo] Un rechazo a que se tomen el derecho de llamar legítimo su mandato.

    Que sea este el plebiscito que con tanto ahínco han evitado.

    Si no son competentes que se vayan todos.

    Por: a) mandatos revocables inmediatos; b) Referendum y plebiscito.

    Contra la reelección de los mandatos.

    Responder
  • 9. Nadia Gonzalez  |  13 julio 2009 en 6:45 PM

    Pues yo vote por Hector Camero por guapo…
    Espero que no esté en la lista de papanatas..

    Responder
  • 10. Ricardo Reynoso Sordo  |  17 diciembre 2009 en 12:36 PM

    Anula el voto es solo el bosquejo de proteste pues con los votos que obtienen de todos modos quedan electos, pues la lejislación electoral no indica cual es el minimo del porcentajo de cotas con el que puedan ser electos.
    Con todo respeto Seriamos nosotros unos papanatas (como los politicos de cafe) si no nos agrupamos en cada una de nuestras localidades (distritos electorales) con el fin de implementar una serie de acciones que precionen mas a lo candidatos, para ver que no utilicen vehiculos, personal y los programas gubernamentales (estos ultimos como dadivas). Ver que las propuestas de campaña sean de la competencia de acuerdo al cargo al que suspiran, exigirles que terminen el periodo para el cual fueron electos.
    ES CIERTO EL VOTO EN BLANCO ES UNA PROTESTA REAL pero el cinismo de los politicos va mas alla de el porcentaje de los votos con los que fueron electos, porque el abstencionismo y el voto en blanco poco o nada resuelve, pues con una minima cantidad de votantes, el que logre mayoria de todos modos se queda con el puesto.
    VOTO EN BLANCO Y ACCIONES POR UN MEXICO MEJOR – YA BASTA DE DE CONFORMISMOS – ACCIONES REALES ES LO QUE NECESITAMOS HACER

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